Mirada de una espectadora a La Esquina Desplazada

Vilma1964. Publicado el 27 de Septiembre de 2013

Mirada de una espectadora a La Esquina Desplazada

Inicio mi mirada con un fragmento del texto escrito por el maestro Carlos Jaramillo y que hizo parte de esta obra:   Se caían las guanábanas la guayaba soltaba sus olores y esa noche me robaban a m...

Foto tomada de: Grupo Facebook de La Esquina Desplazada

Inicio mi mirada con un fragmento del texto escrito por el maestro Carlos Jaramillo y que hizo parte de esta obra:
 
Se caían las guanábanas
la guayaba soltaba sus olores
y esa noche me robaban
a mi hermano, a mi amante
El vacío, el hueco
el espacio vacío decía y crecía
El abrazo humano se perdía
no regresaba más nunca volvía
 
Se devolvían los ríos 
huyendo de la rabia
buscaba amparo 
el chorrito inicial 
 
Cargaba fuerzas
gritaba sus voces 
transportaba sus muertos
río arriba. 
 
Una obra con la mezcla de lo que es nuestro país, cielo e infierno, el cielo está en nuestras urnas de cristal llamadas ciudades, en nuestros hermosos paisajes, en nuestra riqueza folklórica que mezclada con lo clásico se oye y se ve hermosa como se observó en La Esquina Desplazada, y el infierno en territorios por demás desconocidos para muchos de nosotros los colombianos, dramas que no alcanzamos a imaginar y con los que cargan cientos de nuestros compatriotas en medio de tanta riqueza y belleza.
 
Allí en la obra se podía observar ese cielo y ese infierno, nuestra riqueza cultural y nuestro drama, el peso de la indiferencia, de volver cotidiano algo que es tan cruel, somos el país de las modas, no hace mucho fuimos testigos de un paro agrario que se nos olvidó con los partidos de la Selección Colombia, esa es nuestra patria un país de contrastes, quizás porque esa es nuestra idiosincrasia, algo bipolar, hoy lloramos, mañana reímos, olvidamos con facilidad, tanto que por eso seguimos en las mismas con los mismos.
 
Vernos reflejados en una obra de danza contemporánea fue para mí algo maravilloso, fue una obra de contrastes con "alegría" por momentos, con nostalgia y reflexión en otros. Los elementos como cintas negras y rojas con los que se podría interpretar la sangre y la muerte cruel que deja a su paso la violencia, los cuerpos colgados y el hielo como representación de nuestra frialdad ante tanta barbarie, "cuentos" que nos llegan a las ciudades, pero que son tan crueles que no nos atrevemos ni siquiera a creer que son ciertos.
 
Una obra en la que con sutileza se contaba a gritos lo que sucede en nuestro país, con un toque de violencia, sin violencia, así como es vista la violencia en nuestro país, vista y no vista.
 
Y el cierre tuvo un toque de esperanza, de un creer en un mañana mejor, de regar semillas para sembrar lo que queremos: LA PAZ y el progreso para todos, representado con todos los bailarines regando maíz por el escenario y luego entregando mano a mano dichos granos.
 
Esta es pues mi mirada como espectadora, como una iniciante en apreciación de la danza contemporánea, tal vez romántica y pasional, pero es lo que pude captar en esta obra, sin duda alguna hecha con mucho esfuerzo y entrega de parte de todo el equipo conformado por su director, el maestro Carlos Jaramillo a la cabeza, sus maravillosos bailarines y demás personas tras bambalinas. 
 
Ojalá y se sigan haciendo muchísimas más obras con estos contrastes y utlizando toda nuestra riqueza cultural y poniéndola en escena, que la danza contemporánea sea utilizada para contar nuestros cuentos, nuestras historias, nuestro ayer y nuestro ahora, que se le pueda contar a través de ella muchas cosas a nuestras nuevas generaciones.
 
Que cada vez más tenga mucha difusión y que cada quien haga sus interpretaciones de acuerdo a su antojo y su sentir, que el gobierno siga invirtiendo cada vez más en cultura y deporte en lugar de darle tanto a la guerra, si con tan pocos recursos en comparación con otros países, se hace tanto, entonces si se invirtieran los papeles y se le diera a la paz lo que se le da a la guerra cuantas cosas maravillosas se lograrían y el desplazamiento entonces sería de la paz en contra de la guerra.
 

Comentarios

Imagen de tackojoya

Es una opinión fascinante.
Cada vez nos queda más claro que a través de la danza y del talento y el amor de los Maestros como Carlos Jaramillo, se puede contar una realidad y las emociones de nuestro cuerpo herido por la violencia y la opresión.
Estos acentoceimientos del "infierno" y el "cielo" formarán parte de nuestra cultura, de nuestro folclor.
Gracias por ese texto.