Peter Palacio, el cuerpo de la danza contemporánea

Lorenaylonen. Publicado el 29 de Mayo de 2013

Peter Palacio, el cuerpo de la danza contemporánea

Es difícil juzgar que tan bien ha hecho un artista su labor, pero si nos atrevemos a hablar de la del barranquillero Peter Palacio podemos decir que le cumplió a su padre, estudió con los mejores y...

Es difícil juzgar que tan bien ha hecho un artista su labor, pero si nos atrevemos a hablar de la del barranquillero Peter Palacio podemos decir que le cumplió a su padre, estudió con los mejores y, además, fue por su trabajo que en Medellín se empezó a hablar de danza contemporánea.
 
La familia de Peter Palacio no supo que él era bailarín hasta que lo vieron en el programa de televisión Noches de Colombia. Después de eso se encontraron cara a cara en Bogotá ─donde residía Peter─ y él, con esa independencia y rebeldía que lo caracteriza, les aclaró que lo único que quería hacer era bailar. Su padre, lo aceptó, pero con la condición de que lo hiciera bien.
 
Los más de 20 años que lleva ahora en Medellín no le han quitado el acento costeño. Fue en el Carnaval de Barranquilla donde Peter empezó a bailar y, según él, todos los bailarines barranquilleros que conoce se iniciaron en esta festividad, participando en las cumbiambas y las comparsas porque “desde que naces todos te bailan, es algo impreso en los genes de los que somos costeños”, dice.
 
Para que Peter terminara figurando en la televisión colombiana, haciendo parte del ballet de Jaime Orozco, hubo un recorrido que comenzó en la Universidad Javeriana. Fue en esta institución donde los curas "le organizaron la vida" ingresándolo a cursos de expresión libre. De este modo conoció un grupo de danza folclórica conformado por costeños y dirigido por su coterránea, Sarita Cantillo. Fue ella quien lo llevo donde Jaime.
 
“Un bailarín en los años 70 era algo que no se entendía en Barranquilla. Tuve la ventaja de tener unos padres maravillosos y que, a su manera, sobre todo mi padre, lo entendieron. Me recomendaban que estudiara algo más para complementar la danza porque la vida del artista es muy difícil. Si les hubiera prestado atención, hoy sería otra realidad”, comenta el bailarín.
 
Peter viajó por el mundo casi dos años con el ballet de Jaime Orozco. Lo hizo al escondido de su familia, que se enteraba de él por las cartas que enviaba a sus amigos en Bogotá. Ellos le ayudaban poniéndoles el sello postal de la capital para que en Barranquilla no se enteraran. Sin embargo, el día de la televisión llegó. Primero lo vio una tía, después la familia completa.
 
Estados Unidos, cuna de la danza moderna
Al contrario de lo que se imaginó, Peter terminó estudiando en Nueva York gracias a su familia.
 
Viajando conoció la danza profesional. Ya en el teatro Colón de Buenos Aires había visto por primera vez la danza moderna hecha por la compañía de Martha Graham, ahí se enamoró completamente del género, por eso, en los Estados Unidos no dudó en indagar por el estilo.
 
Tomó los cursos que pudo. Las escuelas privadas eran costosas, entonces se tuvo que conformar con cursos de verano a los que no les restaba importancia. Pagaba de distintas maneras, entre ellas, haciendo oficios en las instituciones. Irvine, la escuela de danza de la Universidad de California, también lo tuvo como alumno. Durante esa estadía en los Estados Unidos vivió con parientes y amigos. Con esos últimos, que generalmente eran también bailarines, llegó a dormir hasta debajo de un puente para poder costear los gastos que le exigía su preparación.
 
Fueron cinco años donde Peter Palacio estuvo con los más grandes de la danza moderna: José Limón y Martha Graham, cuya influencia en la danza fue comparada con la de Picasso en la pintura, fueron sus maestros. Y así, famosos y no famosos hicieron parte de ese grupo que formó al barranquillero que quería ser artista.
 
“Pensaría que lo que me llamó la atención de la danza moderna fue la abstracción, no se trataba de bailar al compás de un ritmo. Era una forma de expresarse a través del cuerpo, no era bailar simplemente. Vi danza sin música y quedé maravillado, no estaban bailando, se estaban expresando. Era dramática y visceral, eso me caracteriza, yo sentí una comunicación directa”, cuenta Peter.
 
La gran maestra Irina Brecher
Llegó un momento en que la situación en Estados Unidos fue tan difícil que lo obligó a devolverse. La escena de la danza en Bogotá ya había empezado a dar cambios para ese momento. Irina Brecher hacía su aporte llevando por primera vez la danza moderna, un género que  “rompe con todo lo esquemático del ballet clásico. Se quitaron los zapatos, ya no se habla de representar personajes sino que se habla desde el personaje, el bailarín empieza a ser participativo y no copia lo que el coreógrafo quiere que haga”, señala Peter, quien terminó haciendo parte de la escuela que Brecher abrió en Bogotá.
 
Sin embargo, la bailarina terminó dejando la capital colombiana, igual que Peter. Tiempo después, se encontraron en Estados Unidos y juntos abrieron una escuela en Miami Beach, la Lotaro Dance School, a Performing Company. Ella enseñaba los cursos avanzados y Palacio se encargaba  de los principiantes.
 
"Es ahí donde realmente empecé a a estudiar", señala el barranquillero que también bailaba con Irina, que se desempeñó como maestro, coreógrafo y que trabajaba de 8 a 10 horas diarias.
“Es a ella (Irina) a quien yo le debo algo realmente”, comenta Palacio a quien  también se le presentó la oportunidad de bailar con el Tampa Ballet, donde tuvo lo que él describe como grandes regalos de la vida: compartir con Martin Freedman y Nobuyoshi Nakayima, director del Tokio City Ballet.
 
A Peter la vida le cobro sus excesos, eso dice. Intentó llegar a un nivel que le exigía casi que trabajar el triple. Su cuerpo no lo soportó y surgieron distintas enfermedades. “Tenía prohibido mirar el cielo, solo lo podía hacer acostándome”, dice y agrega, respecto a las técnicas de baile, que no todo los cuerpos las aguantan de la misma manera.  “Este cuerpo terminó tirado, el médico me preguntó si había cargado vacas”, concluye.
 
Como en el baile, la vida de danza de Peter Palacio dio giros. El bailarín terminó en Medellín desde 1990. Esta ciudad ha sido su casa y no ha querido irse, “o los paisas no lo han dejado”, menciona él. Su segundo hogar ha sido el Teatro Metropolitano, donde se han gestado proyectos tan importantes como la Temporada Internacional de Danza Contemporánea de Medellín que duró 10 años y con la que trajeron 120 compañías y más de 1500 artistas.
 
Si Peter Palacio tuviera la oportunidad de volver a nacer sería de nuevo bailarín. Es salsero y trata de ir bailar en semana, pero donde más danza es en el Carnaval de Barranquilla, la fiesta que lo vio nacer. 
 
 
Publicado en Medellín Cultura